Libertad de expresión para las mujeres

Nora Löhr • 24 Maio 2022
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En México, cada 38 horas una periodista es agredida por informar. Cuando una va a la historia de cómo llegamos las mujeres al periodismo, descubrimos que ser mujer fue un obstáculo para ser parte.

Por Lucía Lagunes Huerta

Para las mujeres llegar al periodismo ha sido una carrera de obstáculos que aún no termina y en momentos se pone más ruda, como ahora, donde en México cada 38 horas una mujer periodista es agredida por informar a la sociedad.

Porque ser mujer periodista en un país feminicida como el nuestro y ejercer una profesión de alto riesgo es una combinación que genera un doble riesgo. 

Y como muestra un botón: en los primeros cinco meses de 2022, 11 periodistas han sido asesinados en México, 3 de ellos, mujeres: Lourdes Maldonado López asesinada el 23 de enero en Tijuana, Baja California, Yesenia Mollinedo Falconi y Sheyla García Olvera, ambas asesinadas en Cosoleacaque, Veracruz el pasado 9 de mayo.

De acuerdo con el registro de Comunicación e Información de la Mujer, A.C. (CIMAC), en 18 meses de pandemia, se registraron 397 casos de violencia, 47 de ellos relacionados directamente con la cobertura de la crisis sanitaria.

Esta crisis incrementó la sobrecarga de trabajo de las periodistas, profundizó las condiciones de precariedad, desigualdad y violencia que las periodistas ya vivían antes de la pandemia. Un 49% de las periodistas tuvo que conseguir un empleo adicional y 34% abandonó su actividad profesional debido a la pandemia.

El doble riesgo que enfrentan las periodistas se refleja en el desplazamiento forzado, la desaparición y el feminicidio, las muestras extremas de la violencia y el riesgo latente para ellas. CIMAC ha documentado 21 periodistas en situación de desplazamiento forzado interno, desplazamiento intermitente o exilio; 10 periodistas desaparecidas por ejercer su derecho a la libertad de expresión y 21 casos de feminicidio de colegas periodistas.

Cuando una va a la historia de cómo llegamos las mujeres al periodismo, descubrimos que ser mujer fue un obstáculo para ser parte del gremio. 

Entrar a la información general –y qué decir del género de opinión– ha sido casi como conquistar el Everest sin equipo de alpinismo. Por ello, algunas periodistas decidieron en la década de los sesenta dejar el tacón y la falda y cambiarlo por el traje sastre.

La decisión de la reportera Irma Fuentes, del periódico El Novedades, quien a finales de los años sesenta adoptó la medida drástica de vestirse de hombre para que “no la trataran como una dama, sino como un periodista”, según registra en su investigación Rosa María Valles, es el ejemplo extremo.

La anécdota retrata la discriminación y violencia que dentro de las redacciones encontraron las periodistas y que aún hoy en día sigue presente. 

Lo que en el fondo se buscaba era el reconocimiento de iguales, que aún hoy no se ha logrado. Porque la violencia que enfrentan las periodistas también se da en casa que son las redacciones con los jefes, los compañeros de trabajo e incluso las fuentes masculinas, como lo mostró Periodistas Unidas Mexicanas (PUM).

En 2021, ellas evidenciaron que 60% de las periodistas vive algún tipo de acoso sexual, 63% de las encuestadas identifica que los compañeros de trabajo son los agresores, 49% identifica a su jefe directo como el agresor y 43% señaló a una fuente, cómo hacer buen periodismo entre tanta violencia.

Sin duda, algunas cosas han cambiado gracias a las que nos abrieron camino, hoy firmamos con nuestro nombre, somos reporteras, columnistas y periodistas con A, en femenino. Sin embargo, la igualdad aún no se ha alcanzado, ni dentro de las estructuras periodísticas, ni como fuentes de información.

Especialmente cuando se aborda la violencia contra las mujeres, lo que solemos encontrar una y otra vez son narrativas –enfoques que revictimizan y muestran a las mujeres como víctimas propiciatorias– en donde las fiscalías, a través de sus áreas de comunicación social, construyen una narrativa que hace a las víctimas responsables de su violencia y aleja a las autoridades del foco de atención por no hacer su deber.

Evidenciar los retos que la discriminación nos trae a las periodistas es el objetivo que llevó a organizar una Semana Internacional por el Derecho Humano a la Libertad de Expresión de las Mujeres, un derecho que todavía tenemos que ganar día a día.

Lucía Lagunes Huerta es periodista y defensora feminista, directora de Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC) y de la agencia de noticias Cimacnoticias. Es especialista en periodismo con enfoque de derechos humanos de las mujeres. Su trabajo por hacer visible la violencia contra mujeres periodistas le ha merecido diversos reconocimientos como: VI Premio Internacional de Libertad de Prensa 2015, otorgado por la Universidad de Málaga y la cátedra UNESCO de Comunicación, además de la medalla Omecíhuatl (2011), concedido por del Instituto de las Mujeres del Distrito Federal y Mujeres Invirtiendo en Mujeres, de la organización Semillas, (2009). Ha sido jurado en diversos premios de periodismo nacional e internacional.